Pones tu casa a la venta y, después de varias visitas, llegan dos ofertas. Una propone pagarte un poco más que la otra. La elección parece fácil, ¿verdad?
Pues no te fíes, no... porque no necesariamente tiene que ser así.
El precio es muy importante, pero no es el único dato que conviene tener en cuenta. Una oferta puede resultar estupenda sobre el papel y acabar chocando contra una hipoteca que no se concede, una tasación demasiado baja o unos plazos imposibles de cumplir.
Y una oferta que no llega a firmarse, por muy bonita que fuera la cifra, sirve de poco.
No todas las ofertas son igual de seguras: cuando un comprador presenta una propuesta, importa cuánto está dispuesto a pagar, pero también cómo piensa hacerlo.
No es lo mismo alguien que ya ha consultado su financiación y dispone del ahorro necesario que una persona que todavía no sabe cuánto le prestará el banco. Tampoco es igual un comprador que puede adaptarse a la fecha de entrega que otro que necesita vender primero su casa para comprarse otra.
Estas circunstancias no convierten una oferta en mala, pero sí influyen en el riesgo que asume el propietario al aceptarla y retirar la vivienda del mercado.
Que un comprador esté convencido de que puede pagar una vivienda no significa necesariamente que el banco comparta su entusiasmo.
Antes de conceder una hipoteca, la entidad estudiará sus ingresos, su situación laboral, sus ahorros, sus gastos y las deudas que ya tenga.
Por eso, una persona que tenga la financiación avanzada ofrece, en principio, más seguridad.
Cuando la compra depende de una hipoteca, la vivienda debe ser tasada. Si el resultado queda por debajo del precio acordado, el comprador puede necesitar más ahorro del previsto para completar la operación.
Una oferta muy alta de alguien que necesita financiar casi todo el importe podría ser menos sólida que otra ligeramente inferior presentada por un comprador con mayor capacidad económica.
No se trata de desconfiar de quien ofrece más, sino de comprobar si su oferta tiene piernas para llegar hasta la notaría.
También hay que valorar cuándo podría firmarse la compraventa. Si el propietario necesita vender pronto, una oferta algo inferior pero con plazos claros puede resultar más interesante que otra más alta rodeada de interrogantes.
Antes de firmar unas arras, todas estas condiciones deben quedar bien reflejadas: los plazos acordados, las cuestiones pendientes y las consecuencias si finalmente la operación no continúa.
Habrá que valorar cuánto ofrece el comprador, qué parte necesita financiar, si dispone de ahorro, qué pasos tiene ya avanzados, qué condiciones plantea y cuándo podría firmar.
A veces la oferta más alta será también la más sólida, ¡perfecto!, pero en otras ocasiones aceptar un poco menos puede evitar que la vivienda permanezca bloqueada durante semanas para acabar volviendo al punto de partida.
Y es que vender bien no es solo obtener la cifra más alta, sino elegir la operación que ofrezca más garantías de llegar hasta el final.
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